Los abuelos nunca mueren, solo se hacen invisibles


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Cómo actuar ante un conflicto con un alumno en el aula

Ser maestro es una de las profesiones que, con una sólida vocación más enriquecen nuestra vida, aunque con el efecto de desgaste en el trato con personas y con niños, más efectos negativos vierten sobre nuestra realización personal produciendo el llamado síndrome del Burnout.

En las aulas solemos tener chicos y chicas con problemas de motivación e interés por la escuela, problemas familiares, problemas de autoestima, etc. Esta problemática suele traducirse en conductas disruptivas y en muchos casos desafiantes, llegando a mermar la paciencia del docente. Y es que no es solamente el hecho aislado de tener un alumno con una conducta problemática, se agrava la situación cuando esa conducta dificulta el aprendizaje del resto de alumnos, sin contar con la presión a la que se ven sometidos los profesores a la hora de cumplir con la programación propuesta. 

La colaboración con la familia resulta primordial aunque en ocasiones y por desgracia, no puede darse esta condición. Esto provoca sentimientos de malestar en el propio profesor y sensación de impotencia a la hora de intervenir.

El tiempo se va, y los esfuerzos, el entusiasmo y la paciencia, se agotan.

Ante las posibles situaciones de conflicto en el aula con determinados alumnos, siguiendo las recomendaciones de Manuel Segura procuraremos solucionar el problema allí mismo, sin enviarlo al despacho de dirección. Si el problema es de "chulería", de alardear de que no quiere trabajar o no escucha, le pediremos que se tranquilice y hablaremos con él al final de la clase, en privado. Si es más grave, interrumpiremos unos minutos la clase y saldremos al pasillo para hablar con él, y siempre en privado.

En general, ante una llamada de atención en público las personas nos sentimos atacadas, nos frustramos y podemos reaccionar de forma negativa. En particular, los niños con problemas de conducta, su forma de reaccionar en estas situaciones suele ser más negativa y agresiva, tal vez porque no conocen una alternativa de respuesta.

Volviendo a lo anterior, cuando tengamos que hablar con nuestro alumno, el tema de conversación debe ocuparnos en hacerle entender la diferencia entre el cerebro animal y el cerebro humano, e intentar que comprenda que ser más agresivo no es ser más valiente, sino más primitivo, menos humano.

En el supuesto de que no se tranquilice con la conversación, se le explica con SERENIDAD que no puede impedir que los demás aprendan y que por tanto debe de ir al Aula de Convivencia o con el profesor de guardia.

Si el problema no es de agresividad, sino desidia, no participación, se le puede preguntar qué es lo que le interesa, qué querría hacer, que sea razonable claro está, porque no es razonable: irse a la calle, jugar en el patio, silbar, cantar, etc. Y si es posible, dejar que lo haga sin molestar. Es razonable: dibujar o leer, por ejemplo. 
En ese caso, en un primer momento no debemos de preocuparnos en que no esté siguiendo la explicación o el ritmo de la clase ya que nos preocupa más el comportamiento disruptivo de entorpecer la marcha general del aula, el cual se sitúa en una de las conductas contrarias a las normas de Convivencia, siendo necesario el establecimiento de medidas educativas correctoras (ver normativa sobre Convivencia Escolar)
Posteriormente, nos ocuparemos en intentar reavivar la llama de la motivación y el interés por el aprendizaje. 

En todo caso es esencial no gritar, no mostrar desprecio ni ira, no enfrentarse con el alumno, sino con mucha firmeza, demostrarle cariño, que estamos de su lado, que lo apreciamos, y que por eso mismo, le exigimos que actúe de una manera humana y correcta.

Con todos los alumnos sigue teniendo validez la norma clásica y fundamental de la educación: "Mucho cariño y normas claras". Que ninguna conducta del alumno, por disruptiva que sea, nos aparte de esa actitud básica.

Para facilitar todas estas soluciones y para prevenir esos conflictos de raíz, lo más eficaz es un programa que le enseñe a pensar (en vez de embestir), que les enseñe a conocer y controlar sus emociones y que les ayude a considerar como valores propios los grandes valores morales de Justicia, Amistad, Sinceridad, Compasión, Solidaridad y Responsabilidad. Sin haberse ejercitado en un programa así, las soluciones puntuales no serán efectivas, la Mediación se hará casi imposible y todas las medidas disciplinarias que se tomen serán "pan para hoy y hambre para mañana".


Los rasgos de carácter del niño difícil

Cuando quiere algo, lo quiere, sin más, es tremendamente tozudo. No para hasta salirse con la suya y sus rabietas son eternas. Llega a ser insoportable y al final... se sale con la suya.

Es la alegría de la huerta, si está contento, todos lo estamos, todos los poros de su piel desprenden felicidad. Pero cuidado, procura que no se enfade porque sino, corremos a escondernos.

No consigo adivinar cuando va a tener hambre. Me doy por vencida con el tema de las comidas y mejor no hablar del sueño... Que se duerma a las 18 h. no tiene precio, pero que se despierte a las 23 h. dispuesto a darlo todo... Lo siento, pero no puedo más.

¿Qué le pasa a mi pequeño?, ¿tendrá algún problema?...

El carácter es el estilo de comportamiento natural e innato de cada persona. el "cómo" nos comportamos. Según Stanley Turecki y Leslie Tonner (1989) en su obra: "El niño difícil", cada niño tiene su propio carácter que es el resultado de una mezcla de 9 aspectos de rasgos principales: (1) Nivel de actividad; (2) Capacidad de distracción; (3) Intensidad; (4) Regularidad; (5) Persistencia; (6) Umbral sensorial; (7) Aceptación/Rechazo; (8) Adaptabilidad; (9) Humor.

La combinación de estos 9 rasgos de carácter permite establecer una escala que clasifica a cualquier niño de "fácil" a "difícil". En este sentido, cualquier niño puede ser analizado en cada uno de estos aspectos: dependiendo de cuántos rasgos de carácter caigan en el extremo difícil, y según el grado de resistencia de los padres, cada familia deberá de aprender a tratar al pequeño.

¿Qué causa un carácter difícil?

La investigación parece indicar que la herencia (factor genético) desempeña un papel importante (preguntarle a vuestros padres cómo eráis de pequeños), aunque no se puede afirmar la existencia de una trasmisión directa de todas las características de los padres a los hijos. Las influencias genéticas, la química del cerebro y el desarrollo neurológico contribuyen al "cómo" nos comportamos como niños, y posteriormente, con la influencia de una nueva variable, la interacción con el ambiente, cómo nos comportamos como adulto a medida que vamos creciendo.

Veamos esos rasgos de carácter...

(1) Nivel de actividad: grado general de actividad del niño. Bajo o alto (poco activo o muy activo... o tremendamente activo)

(2) Capacidad de distracción: facilidad con la que se distrae. Baja o alta (no se distrae, suele concentrarse ante una tarea... o pasa una mosca y va tras ella)

(3) Intensidad: grado de volumen del niño, esté contento o triste. Baja o alta (volumen bajito, apenas se le escucha... o es una orquesta andante)

(4) Regularidad: tiene patrones predecibles de sueño, apetito, funciones intestinales. Regular o irregular (es un reloj... o es una anarquía absoluta)

(5) Persistencia: es capaz de estar haciendo algo que le gusta bastante rato (persistencia positiva) Es muy tozudo cuando quiere algo (persistencia negativa) Persistencia negativa alta o baja (es más pesado que una vaca en brazos... o es conformista)

(6) Umbral sensorial: cómo reacciona a estímulos sensoriales: ruido, luces, colores, olores, calor, sabores, tacto y textura de la ropa. Si se molesta por cualquier cosa. Si sobreexcita con facilidad. Alto o bajo (es muy sufrido... o todo le molesta, se pone como una moto, mejor meterlo en una burbuja)

(7) Aceptación/Rechazo: respuesta inicial del niño ante algo nuevo. Acercamiento o rechazo (todo le va bien... o tiene el NO! por bandera)

(8) Adaptabilidad: reacción del niño ante una transición o un cambio. Buena o mala (se adapta bien o es de "piño fijo")

(9) Humor: humor básico del niño, predominan emociones positivas o negativas. Positivo o negativo (es como "Alegría" de la peli "Del revés" o es como "Gruñón" el séptimo enanito de Blancanieves)


Según estos rasgos de carácter podemos establecer 4 categorías de niños:

😇  Niños fáciles: en el que todos los rasgos están en el extremo fácil.
😊 Niños básicamente fáciles pero con algunos rasgos difíciles: los padres consiguen salir adelante aunque deben de aprender alguna técnica.
😠  Niños difíciles: difíciles de educar cuyos padres suelen estar tensos.
😈  Niños muy difíciles: tanto el niño como los padres lo pasan mal.


Ahora bien, si mi niño está en la categoría "muy difícil", podría cuestionarme si le pasa algo o realmente tiene algún problema. El ser difícil no implica anormalidad alguna, recordad que estamos hablando de rasgos de carácter, aunque si la situación resulta insostenible, nos encontramos realmente agotados y existen otras dificultades añadidas, tal vez necesitemos la ayuda de un profesional.

Mamás y papás, aunque pensemos que conocemos a nuestros hijos a la perfección, necesitamos detenernos para observar y analizar su comportamiento de forma objetiva. Saber qué pasa antes y qué pasa después de una determinada conducta.
Aunque se parezcan a nosotros y nos veamos reflejados en su comportamiento, siempre van a aparecer nuevas facetas y tierras por conquistar.

Con esta entrada invito a que analicemos a nuestros propios hijos para así, ajustar nuestras respuestas en el día a día y evitar conflictos o luchas innecesarias. El carácter es difícil de cambiar, aunque podemos aprender técnicas y estrategias que nos ayuden a vivir felices junto a nuestros pequeños. El sabor fuerte de las lentejas, una temperatura elevada, un ruido estridente, un cambio en la rutina, un ambiente con muchas distracciones,... son variables que podemos controlar como adultos y ajustar al carácter de nuestro adorable y precioso niño difícil.



Malas o buenas madres... Un tiempo para un respiro

Mamás famosas incendian las redes abriendo el debate hacia lo que se considera ser una buena madre, o un buen padre. Estamos acostumbrados a escuchar vivencias sobre la maternidad como algo maravilloso, puro, impoluto,... Pero pocos expresan la parte "oscura" de ser padres, como si se tratase de un pecado mortal.
Son sonados los comentarios y verbalizaciones de padres de hijos adolescentes que vaticinan la llegada a esta etapa como el fin de los días (y es que pocos recordamos aquella maravillosa época dorada en la que nos creíamos los "reyes del mundo" y pensábamos que nuestros padres habían pactado con los astros no dejarnos salir el fin de semana).
Pues sí, ante una madre o padre de hijo adolescente se tiende a tener pensamientos negativos que provocan en nuestro interior el deseo imperioso de frenar esa etapa del ciclo vital de nuestros pequeños. Pero... ¿puede venir algo todavía peor que mi adorable y tierno diablillo provocándome episodios transitorios de trastorno bipolar? En ese caso, estoy perdida...

La llegada de nuestro bebé, torbellino de emociones, ahora río, luego lloro, vuelvo a reír, lloro, lloro, río, estoy feliz, siento mariposas en el estomago... Siento dolor, la cabeza me estalla, tengo sueño, mejor ni me miro al espejo, ¿quién era yo antes?, padezco una amnesia global transitoria... Nuestro bebé crece feliz y nosotros felices al verlo, se ha convertido en un niñito adorable. Y yo sigo cansada, tengo sueño, me hincho a chocolate y cafeína para poder sobrevivir. ¿Qué le ha pasado a mi armario?, ¿alguien me explicó que tendría que cortarme las uñas a episodios?... Pero me sonríe y me deshago, totalmente rendida a sus pies. Ha crecido mi bebé y también mi barriga... Otro bebé en camino, ¿seremos capaces?...

Mamás a tiempo completo y mujeres trabajadoras, luchando por lo mejor para nuestros hijos, intentando dar lo mejor de nuestra faceta profesional. La casa ha de estar perfecta, todo en orden. Atenderlos, alimentarlos, cuidarlos, educarlos, mimarlos.
Adoro a mis pequeños pero a veces el cansancio físico y emocional activa un impulso en mi ser en el que me visualizo calzándome las deportivas y saliendo a correr tal cual Tom Hanks en Forrest Gump. Lo pienso muchas veces y nunca lo hago, ¿y por qué?, ¿qué hay de malo por buscar un hueco en mi apretada agenda para dedicarlo a mí misma y coger un respiro?

¿Y qué dicen los expertos? La mejor manera y el primer escalón para el manejo del estrés que supone cuidar y educar a nuestros adorables hijos es "Cuidar de nosotros mismos". Existen técnicas que nos pueden ayudar a relajar nuestro cuerpo, a hacer que las sensaciones fisiológicas (taquicardias, tensión muscular, respiración rápida, etc.) cambien y así nos podamos enfrentar mejor a las situaciones. Del mismo modo, cambiar los pensamientos negativos para moderar nuestras emociones. Intentar relajarnos físicamente e intentar cambiar los pensamientos erróneos puede ayudar a calmar el estrés que nos puede producir educar a los hijos. Estemos o no cansados, todos necesitamos un respiro. Con frecuencia, el día a día nos lleva a tener que priorizar las tareas, lo que muchas veces desemboca en el descuido completo de nosotros mismos.

Si nos descuidamos durante mucho tiempo terminaremos teniendo poca resistencia, energía o entusiasmo para dedicar a todas las facetas de nuestra vida. Y en este sentido, ¿podremos dar lo mejor de nuestra maternidad o paternidad?
Cuidar de nosotros mismos significa aprender a darnos cuenta de que estamos cansados, ansiosos o de mal humor y saber parar a tiempo. "El tiempo fuera para un respiro" consiste en pausas para poder cambiar de estrategia, recuperar el aliento y así recobrar fuerzas.

¿Cómo podemos cuidar nuestras necesidades personales? A continuación te planteo algunos ejemplos: 

  • Dedicar un rato a leer un libro.
  • Escuchar música suave.
  • Darse un baño relajante.
  • Salir a caminar.
  • Realizar alguna actividad artística.
  • Practicar alguna actividad deportiva.
  • Etc.
    Una hora al llegar del trabajo o al finalizar el día después de acostar a los niños, parar el tiempo para detenernos en nosotros. Pero, ¡ojo! esto supone paralizar las tareas domésticas y los pensamientos, dedicarnos ese tiempo para ganar en bienestar, eficacia y calidad en nuestras relaciones paterno-filiales.

    El debate está servido y a mi humilde entender, atrevernos a juzgar a otra madre si es buena o es mala considero muy osado (siempre dentro de los límites de la Protección del Menor y los Derechos de la Infancia). La experiencia profesional me ha ido enseñando que en el momento que una madre o un padre se cuestiona su propia maternidad o paternidad, te encuentras con buenos padres. Nadie nos enseña, pero lo más importante es la verdadera voluntad de ser lo mejor para ellos.


    ¿Seré una buena madre para mis hijos?... La clave no está en la firme convicción de sentirse una madre/padre perfecta/o, sino preocuparse por hacer real que nuestro hijo sienta verdaderamente que sus "papis" son perfectos. Para mí..., los mios lo son.

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    Nuestro momento dulce

    Suena el despertador, son las 6:15 de la mañana, los tiempos están marcados, empieza un nuevo día y todo ha de estar controlado. Conseguimos salir de casa con las mochilas puestas, uniformes limpios, el tren de cartón para la actividad de la "Falla" del Cole y hoy se han tomado la leche, bien!!!
    Llegamos antes de hora al Colegio, hoy estamos de suerte, misión cumplida. Ha terminado la primera jornada laboral, ahora empieza la segunda jornada y quizá la más tranquila...

    Ha pasado el día volando, los niños en el coche con la merienda, no se pueden esperar (tengo la tapicería hecha un desastre) y el sueño les invade. Llegamos a casa, tercera jornada laboral, la que más temo. Empiezan las rutinas, duchas, tareas, reforzamos algún aprendizaje escolar, se pelean, preparo la cena, una rabieta del pequeño, la lavadora con el uniforme para mañana, una rabieta del mayor, bajar a la pobre perrita, no ha salido en todo el día. Estoy derrotada, me detengo y pienso... hoy no hemos tenido nuestro "momento dulce"...

    La investigación ha demostrado que los niños que han mantenido vínculos afectivos fuertes y relaciones positivas con sus padres cumplen más fácilmente las normas y rutinas, y tiene un desarrollo emocional muy saludable.

    Ser padres es tremendamente complicado. A lo largo del proceso educativo tendremos momentos difíciles con nuestros hijos pero todos ellos podrán ser superados con mayor facilidad si hemos ido trabajando nuestra parcela de afectos positivos, apoyo, ánimo, y cariño.

    Cómo podemos trabajar este aspecto?, pues una idea que te aporto es la de establecer un "Momento Dulce" durante todos los días en vuestra dinámica familiar. Se trata de compartir tiempo y actividades de disfrute con nuestros hijos realizando actividades de forma conjunta. Pero cuidado, no vale ir al supermercado, ver la TV o jugar a la play. Hemos de potenciar la interacción positiva con nuestros hijos en un ambiente relajado, sin presiones ni horarios, sin distracciones ni discusiones. No basta con compartir el mismo espacio o de hacer la misma actividad sin relacionarse.

    Podemos realizar distintas actividades de forma cotidiana dedicando unos 30 minutos al día. Se trata de disfrutar del simple hecho de estar juntos estando ocupados en una actividad agradable tanto para el niño como para el adulto. Montar puzzles, realizar una manualidad, jugar al parchís, dar un paseo hablando de forma relajada, jugar a la pelota o hacer un bizcocho son algunas de las actividades que te pueden servir.

    A continuación se exponen unas pautas sencillas para mantener el momento dulce entre padres e hijos:


    • Permite que tu hijo elija la actividad del momento especial.
    • Sé totalmente participe sea cual sea la actividad elegida.
    • No le critiques ni le riñas durante ese tiempo.
    • Divertíos simplemente estando juntos.
    • Elógiale muchas veces (palabras de cariño y de refuerzo): qué bueno eres, qué bien sé te da, cuánto te quiero, qué feliz me siento, estoy disfrutando contigo!,...
    • Muestra interés por lo que hace: hazle preguntas.
    • Evita hablar de temas conflictivos durante ese tiempo.
    • Aplaza las preocupaciones y obligaciones para otro momento.



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